Sonrían

Artículo con vídeo columna publicado en SIN EMBARGO el 16 de marzo de 2025. Que el poder no las vea llorar. Nos quieren derrotadas y no les tenemos que dar ese gusto. Somos fuertes y no dejaremos de buscar a nuestros seres queridos y de exigir justicia.

1.

En una de las escenas más conmovedoras de la película “Aún estoy aquí”, la madre, protagonizada por la gran actriz Fernanda Torres, acepta que una revista haga un reportaje sobre la vida familiar ahora que el padre, secuestrado por la dictadura militar, no está con ellos. A punto de tomarles una foto -a ella con sus cinco hijos-, el fotógrafo dice “No es necesario que sonrían”. “¿Por qué no?”, pregunta ella. “El editor pidió una foto que no fuera tan feliz”. “Ah, él la quiere triste”. Los niños comienzan a reírse. “Pues vamos a sonreír. ¡Sonrían!”, les dice a los chicos. “¡Sonrían!”.

Estamos en Río de Janeiro, en los años 70. Gobierna Emilio Garrastazu Médici en el momento en que el ingeniero Rubens Paiva, quien fuera Diputado, se convierte en un “desaparecido”. Esa compleja figura jurídica, la de la “desaparición forzada”, tipificada por el Tribunal Penal Internacional, deja a las familias hundidas en el dolor y la desesperación. Como sucede en muchos casos a lo largo y ancho de nuestro continente, es una mujer -Eunice Paiva, la esposa- quien dedica su vida a buscarlo. En su caso, además, termina la carrera de Derecho y se convierte en una de las principales abogadas de Brasil especializada en Derechos Humanos.

Se sabe que Rubens Paiva fue torturado y asesinado a los pocos días de su secuestro. Incluso se dice que su cuerpo fue enterrado y desenterrado varias veces, y luego tirado al mar desde un avión. Sus restos nunca han sido encontrados.

El film dirigido por Walter Salles y flamante ganador del Oscar a “mejor película internacional”, basado en la novela del mismo nombre escrita por el único hijo varón de la familia, Marcelo Rubens Paiva, trabaja con enorme sutileza la historia de esa familia desgarrada por la ausencia.

Marcelo decidió contar la historia cuando su madre fue diagnosticada con Alzheimer. Ante la amenaza del olvido, íntimo, pero también social, surgió la fuerza de la escritura.

“¡Sonrían!”, dice la madre ante la cámara fotográfica. Ellos sonríen, los espectadores lloramos.

2.

La ducha está abierta. Tania tiene a su bebé en brazos. Le gusta bañarlo así, pegado a su cuerpo, sintiendo la piel suave y dulce de su hijo contra su propia piel. Hace unos meses que repite el ritual cada mañana. Puro placer en esos pocos minutos: carcajadas del niño, juegos, mimos. Menos hoy. Hoy Tania llora mientras sostiene a un desconcertado Teo bajo el agua. Tampoco ella entiende qué le pasa. Tendría que ser un día de felicidad: el pequeño está cumpliendo once meses. Once meses. Ésa era la edad justa que tenía Pável, el hermano de Tania, cuando su padre fue secuestrado. Sara, la mamá, tenía cinco meses de embarazo, faltaban aún cuatro para que naciera Tania…

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Publicado el 16 de marzo de 2025 en Sin Embargo MX

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