Recordaba que en una escena Hanna, la protagonista de la película, apaga el audífono que lleva en el oído izquierdo, para no oír los ruidos de la fábrica de plástico en la que trabaja. El ambiente allí es agobiante, sus movimientos se repiten siempre iguales a lo largo del día. A la misma hora se sienta sola en una de las mesas del comedor, abre un envase de plástico donde lleva siempre lo mismo para comer, al llegar a su casa -en realidad un solo cuarto- austera y silenciosa, saca una nueva barra de jabón para lavarse las manos. Cada día una nueva barra. Lo metódico se vuelve obsesivo. Borda sobre un paño blanco. Borda y tira lo bordado a la basura. El silencio y el orden le son imprescindibles para no naufragar en su propia memoria.
Estoy hablando de La vida secreta de las palabras, una película filmada por la catalana Isabel Coixet en 2005. La vi en ese momento, hace casi veinte años, y se volvió para mí uno de los talismanes que me acompañan en la vida. Es quizás una de las más conmovedoras historias de amor que he visto. Amor y memoria. Amor y espanto.
Esta vez volví a ella por el gesto que recordaba de Hanna apagando su audífono. Estoy escribiendo un libro que tiene que ver con la sordera, con el silencio que rodea a quien no oye; un silencio que puede ser protección o puede ser soledad. Leo estudios, testimonios, novelas. Leo a Oliver Sacks y su gran libro Veo una voz. Viaje al mundo de los sordos; al poeta ucraniano Ilya Kaminski y su excepcional República sorda, a nuestro Diego Enrique Osorno y las hermosas páginas de Un vaquero cruza la frontera en silencio. Escucho las explicaciones que me da el Dr. Gonzalo Corvera, uno de los grandes especialistas de México. Me angustio cuando entro a un sitio en el que el volumen de la música le gana al de las conversaciones, porque sé que no podré seguirlas. El virus que me afectó el oído derecho es similar al de la COVID, y es ya una marca en mi cotidianeidad. El querido Juan Villoro sabe de lo que hablo y me tranquiliza: de a poco el cerebro irá adaptándose a la nueva realidad, me dice. Bendita plasticidad cerebral, pienso yo, que hará que en algún momento pueda volver a distinguir voces de ruidos….
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La vida secreta de las palabras
Publicado el 22 de septiembre de 2024 en Sin Embargo MX

