Hay días y días, Nelson

Artículo y vídeo columna publicado en SIN EMBARGO el 7 de julio de 2024. Él y yo nos saludamos cada mañana casi como hermanos, sabiendo que el otro sabe exactamente cómo nos sentimos: el pacto está sellado para siempre.

Hay días y días. Y el día en que recibes una llamada de tu hermano menor avisándote que a tu padre tienen que operarlo, no es definitivamente un buen día. Si a eso le sumas que vives a 6,895 kilómetros de tu casa familiar (que sigues considerándola tuya aunque haga 48 años que no vives allí), que no hay vuelos directos entre La Habana y Buenos Aires, y que la distancia ha sido siempre tu pesadilla (¿por qué vivo tan lejos? ¿Lejos de dónde?, podría preguntarme, pero no hace falta: mi corazón sabe de qué hablo cuando hablo de distancias y años), no, ese día -el de la llamada- no es para nada un buen día.

Con la preocupación y la tristeza que cubrían hasta mi propia sombra, salí de la oficina. Bajaba a comprar un café, compañía imprescindible en ese momento. Y yo, que siempre lo he tomado amargo y con “una gota de leche”, elegí el estilo dulcísimo y pequeñísimo que toman por aquí. Me hacía bien un poco de dulzura, como decía un viejo anuncio, allá por mis doce o trece años.

Compré un paquetito de galletas y pedí un segundo paquete para Nelson. Ustedes no han conocido todavía a Nelson, pero quiero contarles que a partir de aquel momento se convirtió en un personaje insustituible de mi vida habanera…

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Publicado el 7 de julio de 2024 en Sin Embargo MX

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