La lectura es “un espacio de silencio en un mundo muy ruidoso. Un espacio para entender realmente, lentamente, un mundo tan difícil. La lectura es una manera de tener esperanza”.
Quise empezar mi colaboración de hoy con esta frase de Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 27 de mayo de 1949) para cerrar con ella esta semana en que celebramos el Día del Libro, y a la vez para rendirle homenaje a una escritora que es ya un mito para quienes nos dedicamos a las letras. En especial para quienes creemos que uno de los géneros literarios más interesantes en el momento actual es la crónica. Sobre todo la crónica escrita por mujeres, por lo menos en México. Nombres como Daniela Rea, Marcela Turati, Blanche Petrich, Elia Baltazar, o Paula Mónaco, entre otros, hablan de algunas de las maravillosas herederas del trabajo de Alma.
¿Qué hay en las crónicas de Alma que han dejado (y que dejan cotidianamente) una huella tan fuerte en nuestras letras, en nuestra lengua?
Hay esa mirada en la que la cabeza y la piel son inseparables. La realidad le pasa a Alma por el cuerpo, por la voz, por la lengua, y esa realidad encarnada se vuelve relato que fluye; cuento, historia, compromiso, empatía; suma de ética y estética como reto y placer del texto…
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La crónica como viaje emocional
Publicado el 28 de abril de 2024 en Sin Embargo MX

