Pero, a pesar de todo esto, quizás sea buen momento para compartir con ustedes una historia cortita y un poema:
La historia sucedió en 2006. Estábamos pasando Mariani y yo unos meses en San Diego, y mis papás fueron a visitarnos. Mi madre pintó sin parar durante los días que estuvieron con nosotras, con una alegría y una energía tales que nadie podía siquiera imaginar –tampoco ella- que su organismo estaba ya tomado por un cáncer feroz que ganaría la partida pocos meses después. Tengo entre mis tesoros más preciados un cuaderno que cubrió entonces de colores brillantes. Siempre he querido acompañar esas acuarelas por algunos versos y crear así entre las dos un libro. Comparto con ustedes algunas líneas (y una foto de las tres generaciones tomada ¡hace 30 años!)
1.
La misma alegría.
El mismo verde que cae
desde un cielo incendiado.
La misma pertinaz vida
que inundaba tus pinceles.
Siempre verano en tu mirada.
Oigo las chicharras
y sé quién fui entonces
con seis años y rodillas raspadas.
Sé quién fui
bajo los tilos que no vimos crecer.
Cada mancha, un silencio.
Tantas historias calladas a golpes de pincel.

