Siento que no viví en vano

Artículo publicado en OPINIÓN del diario EL PAÍS (España) el 3 de junio de 2014. El presidente está obsesionado con destruir la educación pública argentina, a la que considera un centro de lavado de cerebros y “adoctrinamiento marxista”

“Me empezó a gustar cómo sonaban los violines. Y ahora soy el concertino de la orquesta”. “La música y el fútbol son lo mejor”. “Nunca había visto un contrabajo, pero ya es parte de mí”.

Estas son algunas frases que las chicas y chicos de El Tambo —una orquesta infantil y juvenil creada hace 18 años en un barrio humilde de la provincia de Buenos Aires— dicen con una mezcla de picardía y timidez, ante las cámaras de Líber y Jorge Menghini, en el documental Orquesta El Tambo. La música en buenas manos.

¿Quién puede decir que hacer música con otros pibes, o que apasionarse por un instrumento, no le ha cambiado la vida a cada uno de ellos?

O a los otros más de 2.000 chicos que pertenecen a las 170 orquestas del Programa Nacional Andrés Chazarreta; un programa público y gratuito, dependiente del ex Ministerio de Cultura de la Nación (hoy rebajado a “Secretaría de Cultura”, dentro del “Ministerio de Capital Humano”).

Vi la película hace algunos meses y me conmoví enormemente. Como cuando escuché por primera vez a Gustavo Dudamel hablar sobre su descubrimiento de la música gracias al Sistema de Orquestas de Venezuela, creado por José Antonio Abreu en 1975. “La música como salvadora social”, dice el director.

Sí, la educación, el arte y la cultura pueden transformar realidades.

Quizás por eso el Programa Chazarreta está siendo desmantelado…

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Publicado el 3 de junio de 2014 en El País

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