El Día de Antígona lo llaman ahora. Desde el comienzo de la feroz violencia que cubre a México —desatada por la llamada “guerra contra el narco” que iniciara el entonces presidente Felipe Calderón en 2006 y que ningún Gobierno ha podido, sabido o querido detener—, el 10 de mayo, Día de las Madres, es también, es sobre todo, el Día de Antígona. En un país con 109.000 personas desaparecidas (según las cifras oficiales), más de 350.000 asesinadas y 11 feminicidios al día, la imagen de las madres de desaparecidos y asesinados es un símbolo de dolor y a la vez de resistencia. ¿Cómo se vive con una ausencia? ¿Cómo se aprende a seguir respirando a pesar del dolor, a pesar de la incertidumbre? ¿Está vivo? ¿Está muerto? ¿Lo han torturado?
Ante la ineficiencia del poder, las madres han aprendido a buscar por sí mismas a sus hijas e hijos. Con una pala, con una varilla y un pequeño cepillo recorren el país. Han aprendido a reconocer el olor a muerte entre todos los olores que guarda la tierra. Cuando encuentran un cuerpo, se abrazan, se acompañan; el hijo de una es el hijo de todas. Las sostienen el amor y la fuerza del grupo, de “la colectiva”. Se vuelven confidentes, aliadas, consejeras. Se vuelven familia…
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Publicado el 10 de junio de 2023 en El País

